Fusiones bancarias, el erróneo duelo de la política y la economía

La noticia de que Novagalicia Banco ha puesto en venta Evo Bank apenas siete meses después de crearlo es sólo el último ejemplo de la improvisación y la falta de transparencia que está reinando en la reestructuración del sistema financiero español.

Evo Bank fue un invento de Novagalicia Banco (entidad resultante de la fusión de las cajas gallegas) para explotar su negocio fuera de su territorio natural de influencia evitando tener que cargar con la mala fama de la fusión de las cajas. El banco gallego se gastó más de 3.000 millones en su lanzamiento en un momento en que acaba de ser rescatada por el Estado y había recibido una inyección de 2.465 millones de euros y tenía pendiente la refinanciación del 90% de su capital antes del mes de octubre de este mismo año.

Es decir, se lanzó un nuevo banco que ofrecía a sus futuros clientes una alta remuneración por sus ahorros  sin haber solucionado los problemas financieros por los que realmente estaba pasando.  ¿Pensaban tal vez que iban a conseguir clientes suficientes como para tapar sus agujeros? Nunca se sabe hasta dónde puede llegar el optimismo humano.

Lo cierto es que siete meses y siete días después de su nacimiento Evo Bank busca comprador y Novagalicia Banco no ha conseguido los inversores necesarios para refinanciar sus deudas.

Esta mala planificación no es un caso aislado en la banca española.  En la memoria de todos está fresco todavía el caso de Bankia. La entidad resultante de la fusión de Caja Madrid Bancaja , Caja Insular Canarias, Caja Laietana, Caja Ávila, Caja Segovia, Caja Rioja planificó una espectacular salida a Bolsa el pasado verano y colocó gran parte de las acciones entre sus sufridos clientes. Bankia debutó en el mercado el 19 de julio de 2011 y apenas unos meses después fue incluida en el Ibex 35, el club de las mayores cotizadas del país. La colocación de acciones se hizo no sólo entre inversores institucionales sino también entre gran parte de sus clientes minoristas. El  precio inicial de la acción fue de 3,75 euros.  Un año después, los problemas financieros de ese conglomerado de problemas  habían llevado a Bankia a cotizar por debajo del euro y a los sufridos accionistas a perder casi todo lo invertido. La situación era crítica. Las finanzas de Bankia hacían aguas por todos los costados y tuvo que ser rescatada por el Estado con una aportación de 7.000 millones de euros.

Al igual que Bankia o Evo Bank el resultado de los SIPs (Sistemas Institucionales de Protección o fusiones frías como se denominaron el sector) surgidos de la reforma financiera del anterior Gobierno no han sido más que patadas hacia adelante que en ningún caso han resuelto los problemas financieros.  El nuevo gobernador del Banco de España, Luis Linde ha reconocido que los SIPS sólo sirvieron para retrasar la solución de los problemas de las cajas de ahorros.”Su efecto no ha sido muy positivo y más bien se ha contribuido a retrasar decisiones y ajustes que habrían sido necesarios”.

Los expertos ya lo habían advertido. El profesor del IESE Jaume Llopis aseguraba meses después de la aprobación de la primera reforma del sector financiero que “las entidades que se acojan a un SIP se verán sumidas en un mundo de complejos e intricados problemas que terminarán, tras la publicación de una nueva Ley de Cajas, por ser absorbidas  por una entidad bancaria o convertidas en sociedad anónima”.

Como si tuviera delante un bola de cristal para predecir el futuro, Llopis acertó de lleno. Pero su análisis nada tenía que ver con el esoterismo. Sólo hacía falta ver lo que se estaba haciendo y aplicar la lógica. Las fusiones se plantearon contra natura. Dominaron los condicionantes políticos frente a los económicos y faltó un análisis certero de las condiciones financieras. Los SIPs son una figura escasamente regulada, donde hay demasiadas decisiones que quedan en ámbito del pacto a voluntad de las partes. Es decir, un gallinero en el que todos han pujado por mantener sus privilegios. Así no es de extrañar que los 10.000 primeros millones de euros que el Estado inyectó en estas entidades fueran a parar a un saco roto.

Como había predicho Llopis se ha necesitado otra reforma financiera y la bancarización de muchas de esas cajas, pero visto lo visto no parece que el resultado esté siendo mucho más satisfactorio que en la primera ocasión. ¿Cuántos ejemplos más necesitan los políticos para ver si se enfrentan a los números tienen todas las de perder?

Post original publicado en Invertia.

Imagen: arteyfotografia.com.ar @CC